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Modelos de gestión cultural: la gran pregunta

by Miguel Rodríguez14 octubre, 2015

Dentro de la gestión cultural hay dos modelos preponderantes. ¿Cuál es el mejor?

Hace algún tiempo hablábamos de la reconversión de la Detroit Symphony Orchestra, de cómo aprovechó su gigantesca crisis como incentivo para cambiar y crecer innovando. Decíamos que la tarea emprendida era complicada, haciendo hincapié en el modelo de gestión anglosajón, lo que a alguno puede que le lleve a preguntarse qué significa esto. Pues bien, sin ser un especialista en la materia – lejos estoy de serlo y si hay algún error para eso está la sección de comentarios – espero poder aclarar un poco esta idea.

Digamos que existen dos grandes formas de gestión cultural, y cada una define la manera de trabajar de las organizaciones que se rigen bajo cada sistema: el modelo anglosajón y el europeo. Empecemos.

Gestión cultural: el modelo anglosajón

El modelo anglosajón se basa en que el estado no subvenciona directamente las entidades culturales o sociales, sino que cede edificios públicos o concede exenciones fiscales a las organizaciones que desarrollen actividades consideradas de interés general. De esta manera son las propias entidades – desde la  Cruz Roja hasta el MET – las que tienen que esforzarse por lograr atraer donantes que financien su actividad, un hecho que obliga imperiosamente a que hagan una labor impecable, atractiva y de calidad.

La otra cara de la moneda es la deducción fiscal, del 100% hasta ciertos límites – si, has leído bien, euro que va a la institución que elijas, euro que no pagas de impuestos – siempre pidiendo tu certificado de donante para adjuntar a tu declaración de impuestos anual. A esto hay que sumar el prestigio social que da aparecer en la lista de donors de las distintas organizaciones, que debe ser como aparecer en la portada del HOLA aquí. Por eso cada año auditorías externas firman un documento que publican las charities – que es como se llaman las organizaciones de este tipo – en sus webs. Transparencia para que nadie sospeche de su organización y el estado siga manteniendo su estatus de non-profit organization, o como decimos aquí, sin ánimo de lucro. Aquí tenéis la del MET del año pasado.

Las ventajas del modelo anglosajón son fundamentalmente que el estado se desentiende en gran medida de la política cultural, dejándola en manos de la propia ciudadanía, que con sus apoyos mantiene a las organizaciones que más se adecúan a sus ideas. La cesión del poder da más libertad a cada persona, que luego ve retribuido su esfuerzo pagando menos impuestos y ganando en prestigio social.

La desventaja es clara: el estado poco puede hacer por intentar incentivar algún sector en particular si a la gente no le interesa del todo, y además hay una tremenda competición para lograr recaudar fondos para cada actividad – para muestra los largos listados de fundraisers que tienen en nómina estas organizaciones.

Gestión cultural: modelo europeo vs modelo anglosajón Clic para tuitear

Gestión cultural: el modelo europeo

El otro modelo no requiere de tanta explicación, ya que es el que tenemos aquí en nuestro país y estamos más habituados a él. Consiste en que el estado, a través de convocatorias públicas, aprueba subvenciones para financiar proyectos. Además permite tener entidades “en nómina” – fundaciones, orquestas, etc. – que lleven a cabo proyectos de interés para la zona.

¿Ventajas del modelo? La protección especial que puede dar el poder político a actividades menos populares que, por cualquier motivo – sean muy provocativas, demasiado complejas, etc. – no gocen del favor del público general, y por tanto, como decíamos antes, no serían capaces de sobrevivir en un régimen de mercado normal. Además así se consigue mantener estructuras y modelos para que los trabajadores no tengan que preocuparse por su puesto de trabajo y sólo tengan que centrarse en desarrollar sus quehaceres de la mejor manera posible.

Evidentemente esto tiene un corolario, y es que cuando la gente se acomoda puede perder las ganas y la ilusión, algo mucho más peligroso en nuestro sector, donde las emociones han de estar a flor de piel para poder transmitirlas al público. A esto hay que sumar la falta de plasticidad que ofrecen las encorsetadas convocatorias, demasiado férreas para poder dar margen a que proyectos variados puedan salir adelante dentro del mismo capítulo de subvenciones públicas.

Con este pequeño artículo sólo se puede raspar la superficie de ambas propuestas, pero confío en que para los que no estuviesen familiarizados con las dos caras de la moneda les haya valido al menos para conocer otra forma de hacer las cosas.

Dos modelos con sus ventajas e inconvenientes. ¿Cuál es mejor? Ahí dejo la pregunta.

Imagen: gigi_nyc

Miguel Rodríguez
Fagotista, escritor y gestor cultural. Director técnico en la Barbieri Symphony Orchestra y colaborador en Conciertos Vitoria S.L.
4 Comments
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  • Marta
    14 octubre, 2015 at 17:28

    Se te ha olvidado decir que la seguridad que proporciona el modelo europeo a sus actores, en el sentido de que hagan lo que hagan -bien, mal o pésimo- y en el que han de dar explicaciones de qué hacen con el dinero del que disponen (a diferencia del anglosajón que deben justificar su trabajo frente a donantes y mecenas) favorece el derroche, la malversación, la prevariación y la corrupción, en general, de las instituciones públicas.
    Marta.

    • Miguel Rodriguez
      14 octubre, 2015 at 22:42

      Muchas gracias por comentar Marta. No es que se me haya olvidado, es que he intentado mostrar de una manera mas o menos objetiva los pros y contras de cada modelo, sin ahondar demasiado en los malos usos que se puedan hacer de cada uno. Lo que dices es cierto, y habrá gente que se aproveche, pero no era mi intención meterme con nadie, simplemente exponer la situación y abrir el debate. Me alegro de haberlo conseguido.

      Gracias otra vez.

  • 4 noviembre, 2015 at 11:05

    Los dos modelos son incipientes. Un artista debe transformar la sociedad atraves de su obra. Debe ser un educador en cultura osea enseñar identidad, respeto o felicidad. Ademas el sector artistico-cultural tiene un renglon de la economia importante y poco valorado por los gobiernos. Los artistas deben generar ingresos para la economia pero los 2 modelos se quedan cortos para esto. Santiago cossio. Economista u dem. especialista en gestion cultural u de a.

  • Federico
    20 marzo, 2016 at 19:24

    Muy interesante el artículo. Dentro del modelo anglosajón hay un ejemplo intermedio en las orquestas inglesas que tienen gestión privada pero reciben subsidios del gobierno (Council of Arts) en función de la evaluación de su rendimiento. Es un modelo parecido al de las fundaciones en España y combina los beneficios de una gestión privada con el soporte (condicionado) del sector público.

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