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El oído y su funcionamiento musical
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¿Es posible crear música sin belleza?

by SocialMusik8 Abril, 2016

La aplicación de fórmulas matemáticas en la composición musical no tiene por qué dejarnos canciones agradables a pesar de la precisión de los cálculos realizados.

La repetición, base de la belleza

¿Alguna vez te has parado a pensar qué característica básica comparten todas las canciones o piezas musicales que te gustan? Al margen de estilos y estructuras formales, todas ellas se fundamentan sobre la repetición de una serie de motivos. Sí, todas sin excepción. Ya se trate de las obras maestras de la historia de la música o de las canciones populares más insustanciales de nuestro tiempo, la repetición es lo que consigue crear belleza a fuerza de que interioricemos uno o varios motivos.

El especialista Scott Rickard tomó esta premisa como base de una peculiar charla en el marco del foro TEDxMIA para demostrar que la música sin repeticiones puede llegar a resultar bastante desagradable al oído. No hablamos solamente de la ausencia de reexposiciones del tema principal, sino de cualquier repetición a lo largo de toda la pieza. Esta ‘proeza’ solo puede hacerse mediante la aplicación de complejas fórmulas matemáticas, volviendo alimentar el debate sobre la musicalidad matemática.

Música y matemáticas, ¿mejor separadas?

Desde luego, cuando escuches la grabación de la inédita pieza sin repeticiones en el marco de la charla de Rickard lo primero que pensarás será que las matemáticas deberían alejarse un poco de la composición. Esto no es del todo justo, puesto que, tal y como hemos comentado en Social Musik en distintas ocasiones, la historia de la música no se entiende sin la aportación de los matemáticos y la aplicación de fórmulas científicas.

No obstante, sí que podemos apreciar que llevar esta relación a su máxima expresión puede acabar deparando el efecto diametralmente opuesto al deseado. Las matemáticas aportan precisión y fiabilidad pero no tienen por qué crear necesariamente belleza. Lo agradable al oído no siempre es lo más exacto en términos científicos, de tal manera que una sucesión de repeticiones causa una impresión mucho más honda entre los oyentes que un patrón musical totalmente original.

Un patrón sin repeticiones

Scott Rickard narra la historia de cómo se llegó a componer una pieza musical para piano sin ni una sola repetición. Se trata de una historia que se remonta al interés del ingeniero John Costas en conseguir que los sonares de los barcos de la Marina norteamericana consiguieran rebotar con más fuerza. Para ello necesitaba un impulso sonoro en el que no se repitiera ni un solo sonido, lo que le llevó a contactar con el matemático Solomon Golomb.

Fue así como se llegó a la llamada regla de Golomb, permitió crear la primera canción que incorpora un patrón melódico sin repeticiones. Matemáticamente perfecta, estéticamente discutible, el propio Rickard se refiere a la composición como la canción más fea de la historia. Ciertamente, no es que la canción nos diga mucho pero, en cualquier caso, será mejor que la juzgues por ti mismo.

La canción más fea de la historia. ¿Sabes por qué? Clic para tuitear

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