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La música que entra por los ojos

by Miguel Rodríguez11 Agosto, 2015

En la sociedad actual la imagen es lo más importante. Y el mundo de la música no es una excepción.

Pese a la situación actual del mercado discográfico, a mí personalmente me gusta tener los CDs en mis manos, quitar ese celofán que a veces se queda pegado en el pulgar – cosas de la estática – y leer las notas que hay en el librito que suele acompañar al disco. No es que sea un comprador compulsivo, pero es algo que me gusta hacer de cuando en cuando, y de ahí viene en parte mi reflexión de hoy: ya no hay feos en la industria musical.

Ya no hay feos en la #IndustriaMusical Clic para tuitear

En serio, pensad en cualquier artista musical que haya empezado su carrera en los últimos diez años. Poned su nombre en internet y mirad imágenes suyas. No hay uno feo. Si pensamos en directores de orquesta tenemos a David Afkham, Krzysztof Urbanski o Lorenzo Viotti. Solistas hay mil ejemplos como Alice Sarah Ott, Milos Karadaglic, Gautier Capuçon o nuestras Leticia Moreno o Judith Jauregi. Si esto ocurre con la música clásica, imaginarás el poder de la imagen en la llamada “música de masas”, con figuras tipo Pablo Alborán o Edurne. Todos fantásticos artistas pero que además quedan bien en la portada del disco o sonriendo junto a la entrevista de cualquier magacín. La imagen ahora lo es todo.

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Incluso si miramos los “grandes” con carreras consagradas como Cecilia Bartoli veremos una clara evolución en la portada de sus discos y en las imágenes a lo largo de su trayectoria. Simplemente hay que comparar las de principios de los noventa con las actuales. No hay color.

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Bien es verdad que hoy en día los medios son mejores, que la calidad de la fotografía ha aumentado de forma increíble y que las modas cambian, por lo que lo que nos parecía fantástico hace quince años ahora es un espanto – mirad cualquier álbum de fotos vuestro y seguro que en alguna foto os echaréis las manos a la cabeza. Lo que no creo que sea discutible es que es muy poco probable volver a ver una fotografía del artista de turno con la cara tensa por el esfuerzo y el pelo sudado resbalando por la frente. Y si no mirad al maestro Abaddo en sus grabaciones para Decca.

No hay que engañarse, el artista también entra por el ojo – que se lo digan a la Netrebko – pero hay un riesgo muy grande que se puede correr al potenciar tanto la imagen, y es que al final es posible que la foto supere a la música, y acabemos llevando a nuestras orquestas el modelo actual de la música Pop – de la cual tenemos mucho que aprender pero no eso precisamente.

Hay que tener cuidado con no anteponer la belleza personal al arte, porque no hay que olvidar que en la música clásica ha de prevalecer la interpretación por encima de todo. Por muy bien que quede en la foto el artista de turno.

Miguel Rodríguez
Fagotista, escritor y gestor cultural. Director técnico en la Barbieri Symphony Orchestra y colaborador en Conciertos Vitoria S.L.
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